sábado, 6 de junio de 2009

Matar

Se me ocurre


¿Qué pasa del otro lado de un cañón cuando se dispara un arma? ¿Qué se morirá también de ese lado al mismo tiempo que se derrumba al frente el cuerpo de una persona? Supongo que debe matarse también un poco, o mucho, el asesino, algo del asesino. Creo que con cada muerte propinada, con cada homicidio, se mata algo también, o mucho, de nuestras sociedades, de lo que somos como grupo que comparte un espacio en el planeta. Además de la muerte de las historias, del futuro, de la familia. En su cortedad, pienso yo, el verdugo cree que sólo está dando muerte a un fulano o fulana. No sabe, o no quiere saber o no tiene por qué saberlo, que se está matando también a sí mismo, a los suyos, y está matando algo en el aire que respiramos, en las ideas, en los paisajes.


¿Qué nace del otro lado del cañón cuando se dispara un arma? Surgirá el principio de otra muerte, otra venganza, otro negocio, otra forma de vivir. Ya sabemos que se alimentan los odios, el miedo, el poder de unos sobre otros. En fin, se nutre el eterno círculo que vivimos aquí y allá, hace dos siglos y hoy, ellos y nosotros.


Yo apenas he visto un arma a un metro de mí, reposada sobre una mesa. Decían que era bonita, que había algo en la cacha que la diferenciaba de otras, no sé qué más dijeron porque yo estaba paralizada. Matar. Eso hace esa herramienta y no se vale que sea bonita o fea; disparada o no, disparada siempre y en todas direcciones, como un riego por aspersión, una mala fumigación que nos extingue, que nos reduce a una luz vaga, nos oscurece.

6 comentarios:

Dora dijo...

Creo yo que quien dispara el cañón no tiene nada que pueda matarse, quien es capaz de empuñar un arma y hacer fuego contra un ser vivo no creo que tenga algo vivo dentro de sí.

Gloria Estrada dijo...

Uy Dora, percibo furia en tu comentario. Claro, no contra mí, sino contra el alma (si es que existe y si es que tiene) el asesino.
Gracias por intervenir y visitarme siempre.
Un abrazote.

Alejo dijo...

Leyendo este "se me ocurre", se me ocurre algo. ¿Y qué pasa cuando ese arma se dispara hacia sí mismo?
Ahi te dejo esa inquietud. Suerte.

Euridice dijo...

Me reviviste lo sucedido hace aproximadamente 20 años cuando mataron a mi hermano, y que alguien describia como fue esa muerte, en la que el sin como defenderse solo le quedó voltear su mirada para recibir su ultimo disparo que fue en la cabeza, aunque su muerte no fue inmediata, porque estaba tan lleno de vida y de ganas de vivir todo lo que tenía planeado para su futuro, momento que duró más de una hora observando como se le apagaba la vida y como se desangraba poco a poco y los médicos no supieron que hacer para detenerla.

Gloria Estrada dijo...

Qué triste Euri. Qué frágiles somos.
Espero no haberte hecho sentir mal con mi reflexión, pero son dolores que siempre tendremos por dentro, listos a salir, listos a estallar, en cuanto algo, ínfimo tal vez, los provoca, los remueve.
mi abrazo siempre solidario.

Dora dijo...

Alejo, se me ocurre que cuando eso pasa tampoco se tiene algo vivo dentro de si, no se tienen esas ganas de vivir que tenia el hermano de Euridice. Desafortunadamente un ejemplo mas del absurdo.