lunes, 4 de mayo de 2009

Se vale soñar

Se me ocurre

Tengo un amigo que está terminando los trámites para irse a vivir en julio a Rumania. Allá, en esas tierras tan lejanas, lo espera una mujer dos años menor que él y que conoció por internet en diciembre pasado. Las cosas que se han dicho y que han pasado juntos desde entonces, mediante las cámaras de sus computadores, les han dado el arrojo para asumir que quieren estar juntos. Mi amigo, recién graduado como ingeniero, dejará acá a sus padres y amigos, varias muy tentadoras propuestas de empleo y un pedazo de historia; se llevará una maleta ultraliviana, un inglés estudiado con disciplina, una carta de invitación de su amada y las ganas de que un futuro lleno de sorprendentes realidades se abra a su paso.

Una joven pareja de ex compañeros de trabajo y amigos está esperando bebé. Este mes debe nacer Jacobo, esperado con amor no sólo por sus padres sino también por los futuros abuelos y tíos abuelos. Por él, mis amigos se bajaron de la moto y se compraron un carro, preparan un cuarto, hacen cuentas; se imaginan emocionados lo que traerá a sus vidas, se preguntan y afirman cómo serán de papás.

A mi lado, mientras tomo un café y espero que pase la lluvia, dos personas, que calculo andan por los cincuenta años de edad, señalan a un anciano de pelo cano que camina apoyado en alguien que podría ser su nieto. “Cuando estemos nosotros así…”, empieza ella; “para allá vamos”, sentenció él. Y después de un instante de silencio en el que se escapó algún suave suspiro, contaron el tiempo que les faltaría, fantasearon sobre lo que estarían haciendo ellos y sus descendientes y se preguntaron por las vueltas que habría dado el mundo para entonces.

Aunque la mayoría de las veces hay algo dentro de mí que me impide ser optimista, esta vez quiero pensar en la fortuna que tenemos los humanos de poder soñar, imaginar, creer, al fin de cuentas y por eso mismo, de sobrevivir, querer vivir a pesar de los reveses. ¿Cómo, si no así, podríamos habitar el mundo, intentar entenderlo e intentar mejorarlo, sonreír, levantarnos todos los días, amar, retarnos?

Pipe, Carlos, Diana y los desconocidos del café tienen, como todos, el valor de pensar el mañana y querer intervenirlo, hacerlo suyo. Cada quien a su manera, en su medida y en su momento lo ha hecho. Esa debe ser una de las razones por las que la humanidad todavía merece un voto de confianza, porque, aunque se contradice: construye y destruye, ama y odia, es sabia y es ignorante, tiene memoria e igualmente olvida; también se permite soñar, que no es otra cosa que el combustible que anima a empezar, buscar, encontrar, caer, levantarse, aprender, arriesgarse, vivir.

El camino pues tiene su dosis de empeño, de tal manera que para recorrerlo se vale, y se necesita, soñar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gloria, está muy chevere y claro que se vale soñar.

Gloria Estrada Soto dijo...

Bien que te haya gustado... Olvidaste ingresar tu nombre o quieres permanecer en el anonimato? Un saludo y sigue visitándome.

ARISTI dijo...

Definitivamente es un "desahogadero" muy bacano, Gloria. Disfruto mucho en él, pues el tiempo vuela... Muchas gracias.